En un post anterior, (6 de Octubre de 2009) decíamos que Carrió y Kirchner eran los únicos candidatos para las elecciones presidenciales del 2011, que habían trazado y siguen, una estrategia definida. Analizamos entonces, la más simple de ellas, la que había discurrido Elisa Carrió.
La estrategia de K. no tuvo un largo período de elaboración y ni siquiera fue objeto de un examen entre las pocas personas que constituyen su entorno. Fue producto de un coloquio matrimonial. La presidenta en su primera aparición pública después del 28-J, destacó, en un análisis de la contienda electoral, la buena perfomance que hizo Pino Solanas en la Capital. Muy poco después, la primera aparición pública de K. se materializó en un acto que protagonizaron los miembros de Carta Abierta, el grupo intelectual que motoriza el docto perfil del discurso kirchnerista. La nueva mirada hacia la izquierda, se hizo evidente.
Kirchner, desde la base del peronismo que le es adicto y al que no abandonará, orientará su transversalismo hacia la izquierda. Ha devaluado la alternativa de aumentar su actual piso electoral (30 por ciento) en el cauce de la clase media. Esta pirueta tiene su lógica. Continúa siendo una realidad el cuadro electoral del 28 de Junio. El conurbano bonaerense (23 % de los votos nacionales) es el agrupamiento poblacional que le puede dar las compensaciones numéricas que necesita para equilibrar las pérdidas que se siguen proyectando en la Capital, Santa Fe, Córdoba y Mendoza (provincias que sumadas generan el 32,4 % del total nacional). Por otra parte, la izquierda en la Capital, que obtuvo con Pino Solanas el 24,21 % de los votos emitidos, le abriría al Kirchnerismo, en el caso de formalizar algún tipo de alianza con esta fuerza, una mejora con relación a su tradicional deplorable perfomance en este distrito (11,63 %-28-jun-09).
En añadidura, este “nuevo transversalismo”, le permitiría formalizar alianzas parlamentarias con el bloque de centro-izquierda, que le morigere la inesperada y cruel realidad de ser la primera minoría en el recinto de las leyes, a partir del próximo 10 de diciembre.
Y, finalmente, como telón de fondo de esta elaboración, se dibuja la posibilidad de que el 2010 sea desde el punto de vista de la economía, mejor que el 2009, habida cuenta de que los principales “gurúes” dan por terminada la crisis que se desatara luego de la caída de Lehman Brothers el 14 de septiembre del 2008. No será viento de cola, pero se espera una leve brisa a favor, que recompondría el crecimiento del producto entre un 2 a un 3 por ciento el próximo año.
Las victorias legislativas que está obteniendo el Kirchnerismo con base en aprovechar hasta el último minuto, una mayoría que desfallecerá muy pronto y el relato de la estrategia, que hemos presentado, empapada de optimismo, ha recompuesto las esperanzas de las fuerzas que sostienen al oficialismo.
Pero el análisis debe complementarse con una exposición de las sombras que opacan la viabilidad de este proyecto. Kirchner debe ganar en la primera vuelta, porque en el caso de un balotaje, se convertirá en la alternativa “menos deseada” para el electorado y promoverá la unión de todos sus adversarios, tal como le hubiese sucedido a Menem en su momento, si no se retiraba de la contienda. Existen dos situaciones que permiten ganar en la primera vuelta. En primer término, haber obtenido más del 45 por ciento de los votos afirmativos válidamente emitidos. Para evaluar la magnitud de este objetivo bastará con comparar los votos que obtuvo Cristina K. en Octubre de 2007 (8.651.066 -45,2 %-), con los que logró el Frente para la Victoria en Junio del 2009 (5.871.345 -31,29 %). Es decir K. tendría que recuperar la friolera de más de 2 millones y medio de votos. La otra situación que permite ganar en la primera vuelta, tiene a su vez, dos condiciones: haber obtenido más del 40 % de los votos y una diferencia mayor de 10 puntos porcentuales sobre la formula que le sigue. Esta eventualidad podría concretarse en el caso de que K. aumente su actual base calculada hoy en el 30 % al 40% y además la oposición se mantenga dividida en tres corrientes principales: Cobos, Carrió y el Peronisdmo no-K, y ninguna de éstas pueda superar el 30 %.
Con relación al otro cariz de su estrategia, o sea su giro a la izquierda, tiene sus bemoles tácticos. En primer lugar ¿de qué izquierda estamos hablando? Si es la de los “piqueteros amigos”, tendrá problemas con los “barones del conurbano” y poca resonancia en el interior del país. En este caso, los costos superan a los beneficios. Si se trata de la izquierda con representación en la Cámara de Diputados, Kirchner no está en condiciones de cumplimentar las condiciones que este sector le exigiría: reconocimiento de la CTA (debilitaría el apoyo de la CGT), un cambio de la política que, con fines de obtener financiamiento internacional, está desarrollando con el FMI, un impuesto a la renta financiera etc., la prestación única universal, etc.., para mencionar alguna de ellas.
A estos grupos los tendrá como socios circunstanciales, en temas específicos que se debatan en el parlamento, pero no como aliados electorales. No mencionamos el socialismo de Binner, porque éste fue categórico, al negar la posibilidad de sumarse al Kirchnerismo. Además el valor electoral de estos sectores a los que podría incorporar a su frente, es exiguo. Una ligera suposición nos permite calcular que esta hipotética transferencia no aportaría más del 5 % de los votos válidos emitidos.
Como podemos apreciar, el optimismo, con un margen más allá de las posibilidades que le confiere la realidad, ha invadido al Kirchnerismo. Pero por otro lado los opositores no estarían midiendo correctamente sus posibilidades, si no analizan en detalle esta estrategia, y actúan en consecuencia.