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martes, 8 de junio de 2010

ARTURO JAURETCHE: SU MILITANCIA EN EL PERONISMO


Segunda Parte

Por Jorge D. Ferraris



Decíamos en la Primera Parte de este trabajo (post del 31 de Mayo) que la contribución de Jauretche al peronismo, debíamos apreciarla desde el ángulo de su aporte a la ideología del movimiento, más que en la evaluación de las prestaciones personales que pudo haberle dado como funcionario o activista.


Después de la disolución de FORJA (15/12/1945), Jauretche acepta la pre-candidatura a senador por la Capital, en las elecciones internas (6 de enero de 1946) que se realizan dentro de la UCR Junta Renovadora (que apoya a Perón). Conforme a los resultados, Jauretche queda ungido como candidato a Senador por la Capital. Sin embargo ante denuncias de fraude y de serias irregularidades, y, dado el poco tiempo del que se dispone (las elecciones se debían de realizar el 24 de febrero), interviene Perón, quien designa “a dedo” los candidatos a su gusto. Jauretche es desplazado por Diego Luis Molinari. Más tarde Mercante, ya gobernador electo de Buenos Aires, designa a Jauretche como Presidente de la Banco de la Provincia, cargo al que renuncia por desacuerdos con el equipo económico que reemplaza a Miguel Miranda, primer presidente del Banco Central del gobierno peronista.


En las elecciones del 28 de Julio de 1957, convocadas por la Revolución Libertadora para elegir convencionales constituyentes, Jauretche se opone a que el peronismo vote en blanco. En ese entonces, Jauretche, junto a Scalabrini Ortiz iniciaban una etapa de colaboración con Arturo Frondizi quien dentro del radicalismo, conducía un proceso de ruptura con las viejas corrientes Unionistas y Sabattinistas, alejándose al mismo tiempo de las políticas de la Revolución Libertadora. La asociación de Jauretche y Scalabrini Ortiz con el Frondizismo fue breve.


Cabe destacar que Jauretche en el proceso de las discusiones internas que se desarrollaron dentro de la corriente Frondizista con relación al pacto con Perón, se opuso a su materialización. Sostenía que era innecesario. Según su criterio Perón no tenía otra alternativa que apoyar la salida Frondizista si quería crear las mejores condiciones para el retorno del peronismo al poder. Rogelio Frigerio, que impuso su criterio, consideraba que el pacto era imprescindible para asegurar el triunfo de Arturo Frondizi.


El 5 de febrero de 1962 (gobierno de Arturo Frondizi) se deben realizar las elecciones en la Capital para elegir un senador nacional. El peronismo continuaba proscripto. El oficialismo (UCRI) postula como candidato a Armando Turano; la UCR del Pueblo al médico Nicolás Romano y el partido Socialista Argentino a Alfredo Palacios (que regresaba de un viaje a Cuba). Jauretche, sin consultar con Perón, lanza su candidatura auspiciado por el Partido Laborista. Se discute dentro del Peronismo (a esa fecha enfrentado con el gobierno de Frondizi) la conducta a seguir y se espera la opinión de Perón, que como siempre, aguarda hasta el último momento para hacerla conocer. Después de la experiencia de 1958 (acuerdo con Frondizi) dentro del peronismo se repite la vieja alternativa, voto en blanco o apoyo a alguno de los partidos que disputan la senaduría. A los partidarios de esta última, la lógica les indicaba que el candidato indiscutido era Jauretche. En tanto se desarrollaban estos acontecimientos, había aparecido en el escenario de la política, un personaje insólito: Raúl Damonte Taborda, quien había llegado a ser diputado Nacional por haberse casado con la hija de Natalio Botana, dueño del influyente diario Crítica, a la que apodaban “la China Botana” (por ello se decía que Taborda era “diputado por la China”). Damonte Taborda visita a Perón y, a pesar de haber militado en el anti-peronismo fundamentalista, le pide la bendición para su candidatura a senador, prometiendo enmendar su conducta. Con posterioridad a este hecho, Perón por medido de un comunicado al Consejo Coordinador y Supervisor argumenta sobre los beneficios de apoyar la candidatura de Damonte Taborda. Esto ocasiona un gran disgusto entre los militantes y, por primera vez se pone en duda una sugerencia del Líder. Finalmente, a pocos días de las elecciones, el Consejo Coordinador, lanza un comunicado aconsejando a los peronistas que voten en blanco. Realizadas las elecciones el 5 de febrero (1962), los resultados le dan el triunfo a Alfredo Palacios (321.378 votos); en segundo lugar el candidato de la UCR del Pueblo (314.377): en tercer lugar la UCRI (frondizismo con 249.012 votos); cuarto, el voto en Blanco (219.046); quinto Damonte Taborda (32.825) y sexto, con solo 23.043 votos, Arturo Jauretche. Fue evidente que Perón “le pasó la factura a Juretche” por aquello de Ávalos (ver Post del 31 de Mayo), pero también corresponde decir que fue el último “encontronazo” serio entre Perón y Jauretche, a quien Perón llamaba “vasco testarudo”.

En el futuro ambos rectifican su conducta: Perón le expresará su respeto intelectual y Jauretche seguirá siendo leal a las ideas del peronismo, aunque enfrascado en su tarea como publicista, alejado de la militancia activa, salvo, durante el gobierno de Cámpora, cuando Jauretche acepta ponerse al frente de la Editorial Universitaria de Buenos Aires (EUDEBA). El núcleo de las disidencias de Jauretche con Perón, deriva de una concepción sobre los liderazgos en política, que por ser de aplicación en todo tiempo, nos permitimos transcribirlo y que fuera expresado por Jauretche en un reportaje periodístico:

“El personalismo que, nos guste o no, es un modo histórico nuestro, acarrea, junto con sus ventajas –unidad y eficacia inmediata en la dirección y simplificación en el caudillo apoderado del pueblo- la creación de una burocracia cortesana que paulatinamente lo va bloqueando y aislándolo del medio político-social. Al mismo tiempo, habitúa al protagonista a no aceptar las divergencias y disentimientos que traen los capacitados y los hombres de carácter que son excluidos por un círculo de cortesanos que siempre dicen “amén” y cuya única preocupación es su éxito personal y su subsistencia, para lo que se esmeran en ocultar la realidad con sus contradicciones y problemas.”


Al poco tiempo de haberse hecho cargo de EUDEBA, Jauretche falleció en la madrugada del 25 de Mayo de 1973, al regreso de una conferencia que había dado en Bahía Blanca.

lunes, 31 de mayo de 2010

ARTURO JAURETCHE: SU MILITANCIA EN EL PERONISMO - Primera Parte


Por Jorge D. Ferraris


Son varias las vertientes que concurren a formalizar el cuerpo ideológico del primer peronismo. La principal de ellas proviene de los intelectuales que le dieron cobertura ideológica a las corrientes políticas internas del radicalismo que enfrentaron al “Alvearismo”, al fraude conservador y a la tolerancia del Socialismo frente a este hecho. Estas corrientes se nutrieron del nacionalismo popular y de la tendencia “Yrigoyenista” del radicalismo. Atribuyeron la deformación estructural de la economía al predominio de la oligarquía de base agrícola ganadera y a su asociación con el imperialismo Inglés que dominaba el comercio exterior, la organización de las finanzas y la prestación de los principales servicios públicos. Como una derivación operativa, dada la resistencia ofrecida por los intereses agro-exportadores, estas propensiones reclamaron un mayor intervencionismo estatal en el proceso socio-económico del país. Los paradigmas que representaron a estas corrientes fueron, sin duda, Arturo Jauretche y Scalabrini Ortiz. Por supuesto, hubo en la época, otros aportes, que el “ninguneo” de la creme intelectual argentina se ocupó de ocultar. Mencionaremos los más destacados: Alejandro Bunge (“Una nueva Argentina”-1940); José Luis Torres (“La década infame-1945); Ramón Doll (“El liberalismo en la literatura y en la política”-1936); Julio y Rodolfo Irazusta (“La Argentina y el imperialismo británico. Los eslabones de una cadena-1934); Ernesto Palacio (diputado nacional por el Justicialismo 1949-1955).

En el armado de la base política que Perón necesitaba, tuvo en las primeras etapas, la colaboración de Arturo Jauretche, quien lo convenció de que el pedestal de tal apoyo lo encontraría en el Yrigoyenismo anti-alvearista del radicalismo. En esta tarea, reconocerá que no tuvo el éxito que esperaba. De ahí que, el aporte de Jauretche al peronismo se lo debe valorar, por su contribución a la conformación de la ideología del movimiento y no tanto por su actuación pública, que fue errática y accidentada.

A mediados de 1944, y a instancias de Jauretche, Perón tiene una entrevista con Amadeo Sabattini. En esa oportunidad, Perón renueva el esquema que precisamente en su momento, el radicalismo (dominado por el “alvearismo”) le había propuesto a Ramírez –Ministro de Guerra del Presidente Ramón S. Castillo-, (a fines de 1942, cuando se conoció que el candidato del oficialismo era Robustiano Patrón Costas y se descontaba su triunfo por medio del fraude). La oferta era: la candidatura presidencial “la pondría el Ejército” y todo lo demás el radicalismo. Pero en esa oportunidad (1944), las circunstancias eran diferentes. En el primer caso, gobernaba Castillo y el objetivo del radicalismo, era asegurarse que no se hiciera fraude en las elecciones programadas para noviembre de 1943. Un candidato militar con arraigo en la fuerza, comprometía al Ejército a garantizar la pureza electoral. En el momento en que Sabattini se encuentra con Perón (Junio de 1944), el Ejército detentaba el poder y todas las circunstancias políticas lo constreñían a asegurar elecciones libres, en la oportunidad que se convocaran, hecho que también se descontaba que sucediera, más tarde o más temprano. De ahí que Sabattini estaba en condiciones de pedir para su partido la candidatura presidencial y someter la coparticipación en el poder, a un arreglo político. Perón tuvo que abandonar la idea de conseguir el apoyo orgánico del radicalismo intransigente. Como consecuencia de estos condicionamientos, Perón, con relación al reclutamiento de elementos humanos para formalizar una base política que acompañe a la organización sindical, abandonó la pretensión de procurar una alianza orgánica de partidos, para convertirla en una tarea consistente en conjugar voluntades individuales.


A principios de 1944, Perón le había ofrecido a Jauretche la intervención de la Provincia de Buenos Aires y le pidió que vaya preparando un equipo de colaboradores. Pero al mismo tiempo, con el objetivo de arribar a la vicepresidencia (cargo que había dejado vacante Farrell) Perón debe dar una lucha contra el Ministro del Interior, el general Luis César Perlinger, quien se oponía, favoreciendo la candidatura del General Sanguinetti. Perón gana la partida, pero como parte del convenio acuerda en aceptar la designación de Sanguinetti como interventor de la Provincia de Buenos Aires, hecho que se produce el 10 de julio de 1944. Este desenlace desplaza la candidatura de Jauretche, quien a partir de ese momento enfría sus relaciones con Perón



Cuando se produce el confinamiento de Perón en Martín García, días antes del 17 de Octubre de 1945, Jauretche, en la creencia que el alejamiento de Perón era definitivo, trata de convencer a Ávalos (Ministro de Guerra de Farrell y propulsor del alejamiento de Perón) para que formalice un gobierno con los radicales Sabattinistas, persuadido que de esta manera, evitaría el ascenso al poder de quienes propiciaban una “Unión Democrática”, previo paso del gobierno a la Corte Suprema de Justicia. Para Jauretche, lo importante era el movimiento popular que había creado Perón, al que no podía dejarse a la deriva. El 17 de Octubre cambió el rumbo de la historia. Como veremos en el próximo post, Perón no olvidará esta circunstancia en el curso de los futuros avatares de su trayectoria política.

martes, 18 de mayo de 2010

BUENOS AIRES, CIUDAD DE TRANVÍAS Y DE TANGO




Por Carlos A. Manus

Los tranvías a caballo comenzaron a circular por Buenos Aires en el año 1863 como complemento del ferrocarril. Cuando pasaron a utilizarse como transporte urbano, las primeras líneas fueron la “Tramway Central”, propiedad de Julio y Federico Lacroze, y la “Tramway 11 de Septiembre” de Agustín, Teófilo y Nicanor Méndez, ambas inauguradas el 27 de febrero de 1870.

En 1880 aparecen las grandes compañías como la “Tramway Anglo Argentino”. Los tranvías a caballo desaparecieron en 1910. El 25 de octubre de 1892 se ensaya el primer tren eléctrico en la ciudad de La Plata y las primeras líneas se instalan cinco años después. El 22 de abril de 1897 se inauguró un servicio de tranvía eléctrico que

recorrió la avenida Las Heras desde Canning (hoy Scalabrini Ortiz) hasta Plaza Italia, en un vehículo que se desplazaba a 30 kilómetros por hora. El 4 de diciembre de 1897 se inauguró una línea que unía la avenida Entre Ríos con el barrio de Flores.

Comenzando a aumentar el tránsito del tranvía que llegó a los barrios a un módico precio de diez centavos el boleto, convirtiéndose en un simpático servicio popular.

Los tranvías eléctricos crecerían hasta que Buenos Aires fuera conocida como “la ciudad de los tranvías”, con la mayor relación mundial entre habitantes y kilómetros de vías. (“Tiempo libre en el Centenario” de Alejandro Poli Gonzalvo. La Nación, 7 de mayo, 2010). Entre las cinco y las siete de la mañana se expendía el “boleto obrero” al precio de cinco centavos. Cuando se compraba el boleto obrero de ida y vuelta al costo de diez centavos el regreso debía efectuarse después de las 4 de la tarde. El 11 de noviembre de 1949 se abolió ese boleto. En la madrugada del 12 de julio de 1930 cayó al Riachuelo un tranvía con un pasaje de 60 obreros que se dirigían a sus trabajos y que - salvo cuatro que sobrevivieron- encontraron una muerte horrible porque, debido a la intensa niebla, el motorman (conductor) no advirtió que el puente había sido

levantado para permitir el paso de una chata petrolera. El 8 de abril de 1943 -¡trece años después!- la justicia ordinaria fallaba el juicio de indemnización promovido por sus deudos reconociéndoles sumas variables entre 1.500 y 2.000 pesos.

En Los perduellis1 se indigna José Luis Torres: “¡Mil quinientos pesos por la vida de un hombre! ¡Y trece años para hacer el bárbaro justiprecio! ¿Y la sangre, y el dolor y las lágrimas? Todo eso nada importa mientras prosperen los negocios de los monopolios y de los millonarios envilecidos y envilecedores.” En la Antigua Roma se llamaba perduellis al enemigo interno de la patria. El crimen de perduellio y el de peculado (apoderamiento ilegítimo de bienes del estado) eran castigados con la pena de muerte. (Derecho Penal Romano, tomo I, pág. 74). (Torres, José Luis. Los perduellis. Editorial Freeland. Buenos Aires, 1973, pág. 116).

Durante la manifestación del 17 de octubre de 1945, desde el balcón de la Casa Rosada el coronel Juan Domingo Perón anunció a los manifestantes que había renunciado a sus puestos en el gobierno y el ejército y que había dejado firmado el decreto estableciendo el aguinaldo. En su oposición cerril a todo lo que proviniera del gobierno, aunque significara un propio beneficio, los tranviarios desfilaron por la ciudad vestidos con sus grises uniformes portando carteles en los que se leía “No queremos el

aguinaldo”.

Durante la gestión del presidente Arturo Frondizi, alegando obsolescencia del material y déficit presupuestario, mediante el Decreto 5565 (30/6/1961) suprimió el servicio de tranvías en la zona céntrica de la ciudad, eliminando así un medio de transporte no sólo tradicional y pintoresco, tal como tienen muchas ciudades en Europa y en Estados Unidos, sino también un sistema de movilidad popular, económico y que no contaminaba el medio ambiente. Aunque la fecha establecida para dar por finalizado el último servicio fue el 26 de diciembre de 1962, las últimas líneas rodaron hasta el 19 de

febrero de 1963, fecha en que se extinguieron definitivamente los tranvías en la ciudad de Buenos Aires. (Zavala, Juan Ovidio. Racionalización para el desarrollo. Editorial Depalma, Buenos Aires, 1991, pág. 215).

Proximo Post: “El tranvía en el tango·

jueves, 24 de septiembre de 2009

"...y en el 2000 también!"


por Carlos A. Manus


En 1936, en plena “década infame”, el consorcio internacional SOFINA obtuvo la prórroga de la concesión eléctrica de su filial CHADE (después CADE) en la Argentina con la complicidad del gobierno del presidente Agustín P. Justo y mediante sobornos al Partido Radical y a sus Concejales.

El Partido Radical utilizó esa prebenda para financiar la campaña electoral de Marcelo T. de Alvear y la construcción de la Casa Radical, monumento a la corrupción.

Ante ese cohecho, el presidente Justo expresó “es el primer caso de un partido que se corrompe en la oposición”.

Ese negociado fue analizado en los Cuadernos editados por el grupo FORJA, cuyos integrantes interrumpían los mitines radicales con mayoría antipersonalista a los gritos de “Cade, Cade”.

En 1944, el presidente de facto Pedro P. Ramírez dispuso la investigación del “affaire” designando una comisión presidida por el coronel Matías Rodríguez Conde e integrada por Juan Pablo Oliver y Juan Sábato, la que produjo un informe demostrando que habían existido esos sobornos.

Los ejemplares del Informe Rodríguez Conde fueron secuestrados e incinerados por el coronel Juan D. Perón como retribución a la contribución efectuada por la CADE a su campaña electoral. Perón acuñó el calificativo infamante de “cadista” con el que, paradójicamente, denostaba a sus adversarios de la Unión Democrática

Sesenta y cuatro años después se repite el escándalo ante las coimas a los Senadores para lograr la aprobación a la ley de reforma laboral elaborada por otro gobierno de coalición.

Existen algunas diferencias entre ambas corruptelas: en la primera, el sobornador fue un consorcio privado; en la segunda, las sospechas apuntan al gobierno como prevaricador. Los sobornados de 1936 pertenecían al mismo partido; en el 2000 se han emporcado opositores y, al menos, un oficialista.

No cabe en el presente caso aplicar aquella expresión de Justo: el partido opositor de hoy ya estaba corrompido cuando fue oficialista.

Cuánta razón tuvo Discépolo cuando profetizó “Que el mundo fue y será una porquería, ya lo sé…¡En el quinientos seis, …y en el dos mil también!”

lunes, 10 de agosto de 2009

González Bergez: "Todos esperábamos un cambio mejor"

por Carlos A. Manus


En la edición de La Nación del 27 de marzo del 2004, se publicó bajo ese título el reportaje que Hugo Gambini le hizo al dirigente conservador Pablo González Bergez.

Es una lástima que el Partido Conservador haya desaparecido de la escena política, desaparición que, entre otros motivos, fue producto de que sus miembros no supieron cómo ganarse limpiamente el electorado por lo que recurrieron al fraude en sus distitntas formas, o tuvieron que resignarse a intgegrar los ministerios o aceptar las cononjías que, en forma de embajadas, les ofrecieran las dictaduras militares. Esa desaparición fue resultado también de que en ese Partido militaban más caciques que indios.

En nuestro país fracasó todo intento de conformar un "partido conservador de masas"(1). Ni el proyecto corporativo de José Félix Uriburu ni las propuestas políticas y sociales de Manuel Angel Fresco fueron viables en la Argentina de los años 30 (2).

En opinión de Gonzále Bergez "el partido Conservador empieza a diluirse en la provincia de Buenos Aires y quien le hizo el mayor daño fue Manuesl Fresco, pñorque no sólo era muy fraudulento, sino que además se jactaba de ello", y agrega que Fresco "sentía orgullo pñor estimular el fraude y encima se confresaba fascista, admirador de Hitler y Mussolini".

En 1935, el PÑartido Demócrata Nacional de Buenos Aires consideró a Fresco el candidato ideal par las elecciones de gobernador por sus buenas relaciones con la cúpula partidaria y con los grupos nacionalistas. Fresco admiraba abiertamente a Hitler, Franco y a Mussolini, quien lo recibió en audiencia cuando preparaba su candidatura a gobernador (3). El mote de "Mussolini criollo" -en lugar de ofenderlo, como suponían sus opositores- lo debe haber enorgullecido. Cabe recordar que Winston Churchill también era admirador de Mussolini.

Los jóvenes de aquella época abrazaron el corporativismo desilusionados del sistema democrático ante el desgobierno de Yrigoyen. Paradójicamente, Diego Luis Molinari adhirió al corporativismo siendo senador por el Partido Radical, y presentó su proyecto de Código Laboral inspirado en la Carta del Lavoro como informa en los fundamentos al mismo.

Los conservadores sabían que para ganar las elecciones presidenciales necesitaban triunfar en las provincias más populosas como Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, y estaban conscientes que, para lograrlo, era necesario recurrir al fraude pero luego, una vez obtenido el triunfo, pretendían apartarse de los dirigentes que, como Fresco, habían incurrido en esa práctica para desvirtuar la voluntad popular.

El desprestigio del Partido Conservador se inicia con la participación de sus dirigentes en la sublevación de Uriburu y por integrar su gabinete. Dijo en su autocrítica José Aguirre Cámara:

"Nosotros sobrellevamos el peso de un error tremendo. Nosotros contribuímos
a reabrir en 1930 en el país la era de los cuaretelazos victoriosos (4). El año
1930, para salvar al país del desorden y del desgobierno, no necesitamos
sacar a las tropas de los cuarteles y enseñar al ejército el peligroso camino de
los golpes de estado. Pudimos, dentro de la ley, resolver la crisis. No lo hicimos
apartándonos de las grandes enseñanzas de los próceres conservadores, por
precipitación, por incontinencia partidaria, por olvido de las lecciones de la
expriencia histórica, por sensualidad de poder. Y ahora está sufriendo el
país las consecuencias de aquel precedentes funesto...(5).

Entre los conservadores que se hicieron peronistas no fue José Emilio Visca "el que más gra
vitó", como afirma González Bergez. Es difícil elegir quién fue el que más gravitó entre los
conservadores que se pasaron al peronismo: Héctor J. Cámpora, Ramón Carrillo, José Arce, Jerónimo Remorino, Uberto Vignart, Edmundo Sustaita Seeber, Oscar Ivanissevich, Ramón J. Càrcano, Manuel Rresco y el mencionaldo Visca (6), correspondiendo agregar a esa lista a Angel J. Miel Asquía, Hipólito J. Paz y a Vicente Solano Lima. Es injusto Gonzále Bergez culpando a la Uniòn Democrática de esa diáspora: El arribismo ha sido común en todos los partidos políticos y en todas loas épocas.

Contrariamente a lo que sostiene González Bergez, el presidente Justo no impuso una economía que reactivara el trabajo: las Juntas Reguladoras fueron creadas para limitar la producción de los cereales, carnes, leche, yerba mate y vinos a fin de defender los precios de la producción agrícola-ganadera (7). El ministro de Hacienda Federico Pinedo careció de iniciativa para buscar mercados extranjeros donde colocar esos productos, prefiriendo que se emborracharan los caballos con el vino que en Mendoza se tiraba a las acequias en lugar de bajar los precios al consumidor o de exportar esos productos. Tampoco se reactivó el trabajo: había una gran desocupación y empezaron a aparacer las villas miserias.

Reconoce González Bergez que fue José Luis Torres el que acuño la expresión "la década infame" para denostar el período que se inicia con la sedición del 6 de septiembre de 1930, pero no es cierto que "hoy nadie se acuerde de Torres". Aunque así fuera, el supuesto olvido del autor de esa frase no hace desaparecer los actos que dieron lugar a ese descalificativo, entre los que se encuentran aquellos ocurridos durante la presidencia de su admirado Agustín P. Justo: Pacto Roca-Runciman, prórroga de las concesiones eléctricas, asesinato del senador Enzo Bordabehere (8), atentado contra la vida de Federico Cantoni, fusilamiento del cabo Paz, intervención federal a la provincia de Santa Fe (9), creación de la Sección Especial de la policía , prisión y exilio de dirigentes radicales, etc.
__________________________

(1) Cornblit, Oscar. La Opción Conservadora en la Argentina. Desarrollo Económico N 56, enero marzo, 1975 (citado por Rafael Bitrán y Alejandro Schneider en El Gobierno Conservador de Manuel A. Fresco en la Provincia de Buenos Aires (1936-1940). Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1991 (pag.9).

(2) Bitrán, Rafael y Alejandro Schneider. El gobierno Conservador de Manuel A. Fresco en la Provincia de Buenos Aires (1936-1940). Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1991 (pag.9).

(3) Walter, Richard J. La Provincia de Buenos Aires en la Política Argentina. 1912-1943.
Emecé Editores. Buenos Aires, 1987 (pag. 198).

(4) En 1930 se abrió (no se reabrió) en el país la era de los cuartelazos victoriosos.

(5) Declaración efectuada el 31 de julio de 1946 ante el Comité Nacional del Partido Demócrata Nacional (citada por Félix Luna en Yrigoyen . Editorial El Coloquio. Buenos Aires, 1975, (pag.382).

(6) Mencionados por Hugo Ganbini en su nota del 16 de marzo de 2004 a La Nación.

(7) Azaretto, Roberto. Federico Pinedo, Político y Economista. Emecé Editores. Buensos Aires, 1998 (pag. 95), con prólogo de Domingo Cavallo.

(8) Asesinato en pleno recinto del Congreso Nacional por Ramón Valdés Cora, matón al servicio de Antonio Santamarina prestado al ministro de Agricultura Luis Duhau durante la interpelación a éste y a Pinedo por el negociado de las carnes.

(9) Era gobernador Luciano Molinas, del Partido Demócrata Pregresista, y su administración (1932/35) fue la más honrada y dinámica de que hubiera memoria entre los santafesinos, pero era necesario retener el poder de la Concordancia. Como excusa para intervenir, se alegó que en 1932 el gobierno de la provincia había vuelto a poner en vigencia la Constitución de 1921 que, a juicio del Poder Ejecutivo, era nula. Justo y Leopoldo Melo (ministro del Interior) recuperaron la memoria tres años después de la entrada en vigencia de esa Constitución (Félix Luna. Conflictos y Armonías en la Historia Argentina. Editorial Planeta. Buenos Aires, 1993 (pag.145)

jueves, 23 de julio de 2009

APOSTILLAS

por Carlos Manus


En el libro "Homero Manzi y su tiempo" de Horacio Salas, Javier Vergara Editor, Buenos Aires 2001, se han deslizado los siguientes errores:

En la página 105 se dice: "(En las elecciones para gobernador y vicegobernador de la provincia de Buenos Aires el 5 de abril de 1931) triunfó la fórmula de Honorio Pueyrredón acompañado por Luis Guemes, un prestigioso médico salterño...".
La fórmula la integraban Honorio Pueyrredón y Mario Guido.

En la página 208 se expresa: "Para AAA (Artistas Argentinos Asociados) realizaron (Ulyses Petit de Murat y Homero Manzi) en 1946 los guiones de "Todo un hombre" dirigida por Pierre Chenal y basada en el libro de Miguel de Unamuno "Nada más que todo un hombre".
El libro de Unamuno se titula "Nada menos que todo un hombre".

En la página 244 se afirma: "...el gobierno nacido de las elecciones de febrero de 1946 cuya fórmula encabezaban Juan Domingo Perón y un veterano dirigente radical antipersonalista de Corrientes: Hortensio Jazmín Quijano..."
El nombre del candidato a Vicepresidente era Juan Hortensio Quijano. Lo de "Jazmín" se lo endilgó Américo Ghioldi desde "La Vanguardia" para ridiculizarlo y, como Quijano nunca se molestó en enmendarlo, el infundio perduró.

viernes, 17 de julio de 2009

BARQUINA, UN PERSONAJE DE BUENOS AIRES

por Carlos Manus


Barquina fue uno de los personajes característicos de "la fauna porteña", cuyo verdadero nombre era Francisco Antonio Loiácono. Por su andar compadrito, Carlos Raúl Muñoz y Pérez (Carlos Muñoz del Solar o el Malevo Muñoz o Carlos de la Púa) lo bautizó Barquinazo, que el mismo Loiácono acortó en el sobrenombre que lo popularizó.

Barquina hizo el cursum honores en el diario "Crítica" donde ingresó como ascensorista, después fue secretario de Ulyses Petit de Murat y, finalmente, hombre de confianza de Natalio Botana.

La sede de "Crítica" en Avenida de Mayo 1333 constaba de dos ascensores, uno para uso exclusivo de Botana y el otro para el personal del diario. En la pintoresca verba de Barquina, uno de los ascensores era para "el trompa" y el otro para "la gilada"1.


Barquina, logró recomponer la amistad entre Carlos Gardel y Carlos de la Púa, distanciados a raíz de una nota publicada por éste con motivo de haber cantado Gardel una canzoneta, y en la que le aconsejaba: "!Largá la mandolina, Carlitos!".

Salvó de un mal trance a muchos de sus amgos incluyendo a Petit de Murat, al que consiguió arrebatar de los verdugos torturadores de la Sección Especial de la Policía.

Estando preso en la Peninteciaria por orden del dictador José F. Uriburu, Botana, que gustaba de las bromas fuertes, le pidió a los carceleros que hablaran pestes de él cuando llegara Barquina a visitarlo. Sin siquiera pensar en las consecuencias que podría resultarle, Barquina los insultó salvajemente. Para que el incidente no pasara a mayores, Botana salió de su escondite y le explicó que se trataba de una broma para probarlo, lo que provocó el enojo temporario de Barquina quien le dijo "a los amigos no se los prueba".

Le dedicaron varios tangos, entre ellos "Barquinazo" de Roberto Firpo y "Dos lunares" de Francisco Canaro.

Loiácono es el autor de las letras de los tangos "Cantor de mi barrio" y "N.P."2, ambos musicalizados por Juan José Riverol, que fueron grabados por la orquesta de Aníbal Troilo, aquél con la voz de Roberto Goyeneche y éste cantado por Raúl Berón.

Por su apodo es recordado por Cátulo Castillo en el tango "A Homero"con música de Aníbal Troilo:

Vamos,
vení de nuevo a las doce...
Vamos,
que está esperando Barquina
Vamos,
¿no ves que Pepe esta noche,
no ves que el viejo esta noche
no va a faltar a la cita?...3

Según narra Petit de Murat, cuando Loiácono conoció al entonces coronel Juan D. Perón, Barquina, con su habitual desparpajo, le dijo "Si a usted no le diera por la política, que cuadro con las minas. Con su pinta trabajarían para usted más de las que tuvo el gallego Julio"4

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1 Abós, Alvaro. El tábano. Vida, pasión y muerte de Natalio Botana, el creador de Crítica.
Sudamericana. Buenos Aires, noviembre 2001, pag. 130.
2 En el lenguaje del turf, "N.P." significa "No placé", y se aplica al caballo que no dio dividendo.
3 "Pepe" y "el viejo" se refieren a José Razzano.
4 El Gallego Julio era el sobrenombre de Julio Valea que con Juan Nicolás Ruggiero (Ruggierito)
sintetizaban el liderazgo de la delincuencia en Avellaneda: Ruggierito, matón al servicio del
caudillo Alberto Barceló por el partido Conservador y el Gallego Julio por la Unión Cívica
Radical.